08 marzo 2013

Desnudarse... 8 de marzo



Autor desconocido
Desnudarse, confesarse ¿es bueno?
 
 Cuando caminamos por la calle y vamos con prisa queremos que nada se interponga en nuestro camino, pero justo entonces nos encontramos con un tramo de obras que estrechan la acera y enfrente, a una persona tambaleándose, borracha…

–Jopeta, con lo bien que iba yo y ahora se me pone este borracho enfrente. Esta gente debería permanecer en casa o ser atendida... Si recogen a los perros de la calle, a estos tipos también deberían llevárselos.

Unos pasos más adelante hay un paso de cebra y en ese momento podremos adelantar. Al tiempo que nos alegramos  nos vamos calentando porque llegamos tarde a nuestra cita… pero, horror, ¡el semáforo de los viandantes se ha puesto en rojo! … Una vez en el semáforo, oigo que alguien pregunta al borracho:

–Buenos días ¿Se encuentra bien?

–Buenos días. Estoy algo mareado, tengo vértigos cada dos o tres meses

– ¿Necesita ayuda?

– ¿Sería usted tan amable de acompañarme un tramo para no caerme?

– Sí, claro, le acompaño

Es entonces cuando se nos queda cara de imbéciles por todos los pensamientos que hemos ido generando durante el trayecto y llegar tarde a la cita es lo menos traumático de la situación.

Entonces, ante una situación cotidiana como esta, me pregunto si nos relacionamos con demasiado secretismo. ¿Por qué sentimos tanto pudor a compartir lo que nos ha sucedido? Quizás no sea necesario publicarlo en las noticias, pero sería más fácil si supiéramos algo más de las personas que nos rodean. Confesarse… en público, rodeado o rodeada de personas de tu entorno, con las que te relacionas diariamente ¿podría facilitar o ampliar la capacidad de empatía y ayudarnos a ser más tolerantes con los demás e incluso con nosotros mismos? Yo creo que sí. Lo primero que hago cuando conozco a alguien es conectar con su esencia, me abstengo de sus palabras, sus gestos, su fachada, de modo que me olvido de lo externo y cuando tengo la oportunidad de saber algún detalle más de su vida, todo es perfecto, las piezas encuentran su lugar formando parte de un todo… En ese momento descubro  frente a quién estoy y qué tipo de relación debo mantener con esa persona.

Cada año, dedicamos la semana del 8 de marzo a hablar de la violencia de género que sufre la mujer, y dejando a un lado si me parece correcto o no, querría desnudarme para dar paso a relatos de mujeres que han sufrido algún tipo de maltrato. Estas mujeres a las que conozco personalmente pertenecen, según el sistema social establecido, a diferentes estratos, y por lo tanto con diferentes niveles culturales, económicos y sociales. Me atrevería a decir que el 99% de la población femenina, en algún momento de su vida ha sufrido algún tipo de maltrato, acoso y vejación por cuestiones de género, y lo peor es la cantidad de mujeres que han sufrido abuso sexual en el entorno familiar… Cuando conoces estos datos de las propias personas que lo han vivido, el siguiente paso es el odio y la rabia contra los hombres. Con el tiempo el siguiente paso es ampliar tu visión e intentar comprender por qué los hombres actúan como animales de caza;  el siguiente paso es ampliar tu visión conociendo la historia que nos precede… El siguiente, valorar la sociedad en la que vivimos; el siguiente, entender que no podemos odiar a los hombres porque TODOS somos víctimas de un sistema que nos maltrata sistemáticamente, valga la redundancia, las 24 horas del día: la TV, la radio, la prensa, los gestos, la incultura, la necesidad de poseer objetos materiales, y todo esto y más, envuelto en un papel de palabras, palabras básicas para designar miles de millones de momentos y vivencias… Y entonces, cómo podemos hacer un ejercicio de autoconocimiento si no conocemos, valoramos y veneramos el significado de las palabras. Para ello hace falta sentir… para sentir hace falta dejarse llevar… para dejarse llevar hace falta fluir con los ciclos vitales de la vida… para seguir los ciclos vitales hace falta tiempo adaptado al ritmo de la naturaleza… y el sistema político-económico-social no entiende de eso… solo entiende de ganancias y de poder, luego el sistema está concebido como la forma de maltrato más grotesca y severa que jamás hayamos visto… nosotros y nosotras, los que simplemente seguimos las normas, somos consecuencia de ello porque “confiamos”… Sí, confiamos en la bondad de la sociedad, confiamos que la pescadera nos va a vender el mejor pescado, que el médico nos va sanar el cuerpo contemplando todo lo que somos, que los maestros y maestras van a cuidar de nuestros hijos como si fueran suyos, que la vecina o vecino estará dispuesto a ayudarnos si ocurre alguna cosa, que los dirigentes de nuestras vidas están haciéndolo por amor al país y para defender los derechos humanos…. Pero en realidad vivimos asustados porque no sabemos si la pescadera nos va a vender el pescado de ayer, si el médico nos va a chutar sin escuchar nuestro relato, si la maestra dejará a nuestro hijo con el culete sucio hasta minutos antes de ir a recogerle, si el vecino nos va a dar con la puerta en las narices, si los dirigentes solo piensan en su carrera política como un deporte mundial, en el cual gana el que se lleva el trofeo mayor a base de embolsarse el máximo patrimonio económico y militar, por citar algunos aspectos relevantes, ya que todos y todas sabemos hoy en día qué pasa en el mundo… y si no lo sabes todavía… ¿a qué esperas? Un maravilloso mundo, una espectacular vida te espera ahí afuera, simplemente adéntrate en el autoconocimiento y todo cambiará.


by Arnecom



Y… parece que me he ido del tema, pero en realidad no podía abordar la cuestión de la violencia de género sin plasmar primero mi visión de la situación. Nos hace falta mucho trabajo personal y nos hacen falta muchos/as guías, facilitadores, acompañantes que nos ayuden en este nuevo camino del CAMBIO… porque si no lo hacemos unidos, entre todos, esto seguirá siendo una lucha. Y dicho esto, contextualizada mi visión, me parece propio compartir desde este espacio historias, relatos de mujeres que han vivido situaciones de maltrato y que nos ayudan a situarnos en el mundo real, que por supuesto siempre supera la ficción. Para empezar, voy a compartir una experiencia personal.

A lo largo de mi vida he sufrido varios abusos sexuales, siempre en mi entorno próximo. Durante la infancia nunca me enseñaron que eso estaba mal, nunca me sentí protegida. La primera vez sucedió en casa. Tenía aproximadamente diez u once años. Teníamos visita en casa, una pareja joven se instaló en mi habitación, así que yo me fui a dormir con una familiar. La noche transcurrió con normalidad. A la mañana siguiente, oí ruidos de puertas y me di cuenta de que estaba sola en la cama. La puerta de la habitación se abrió, ni me moví, supuse que era mi familiar.  Sentí una caricia por la espalda muy agradable y al instante sentí que era la mano de un hombre… me quedé pegada boca abajo, inmóvil, mi respiración se aceleró, mis cabeza daba vueltas pensando que era el chico de la habitación de al lado que se había confundido… Sentí vergüenza, así que permanecí quieta sin girar la cabeza esperando a que se diera cuenta del error y que se marchara… pero no fue así, sus manos continuaron tocando mi cuerpo, mi respiración se aceleraba, no podía moverme, mi cabeza gritaba interiormente porque estaba tocando mis órganos sexuales… ¿Nadie se había dado cuenta? ¿La habitación estaba demasiado oscura? ¿Él no se daba cuenta de que yo no era su novia?... En un momento de fuerza me giré para decirle que se fuera y entonces descubrí a un hombre de unos cuarenta años, amigo de la familia, al que yo adoraba, que estaba ahí frente a mí, con sus manos en mis genitales, borracho, diciéndome que no pasaba nada… Le grité que se fuera, salté de la cama buscando a mi familia, a mi madre. Me sentía sucia, tenía miedo, así que busqué refugio en mi madre. A él lo echaron de casa, sin grandes historias… a mí me dijeron que no había pasado nada…. Me apoyaron, pero no me rescataron.

Este pequeño retazo de mi existencia, que duró unos minutos, ha marcado varias décadas de mi vida hasta hacerme comprender que en ese mismo instante en el que nadie me defendió a ultranza, en el que no hubo una denuncia, en el que nadie escuchó realmente mi historia, yo aprendí, sin ser consciente de ello, que estaba sola en el mundo.

En esta historia no hay culpables, sino más bien ignorantes. ¿Qué empujó a este hombre a tener contacto sexual con una niña tan pequeña? ¿Qué pretendía mi familia al restarle importancia a lo sucedido? ¿Por qué me sentí culpable y acepté como válido el comportamiento de mi familia?  Se agolpan en mi mente palabras como ignorancia, falta de comunicación, tabús, desconfianza, resentimiento, irresponsabilidad, confianza, temor, desorientación, miedo, rabia, impotencia, cobardía, silencio… callar…

Ahí queda un suspiro de mi existencia que, mal llevado, me condujo a vivir situaciones de maltrato que algún día seguiré contando. Por el momento, querría aportar unas reflexiones que compartió conmigo una víctima que sufría maltrato psicológico por parte de su expareja… porque esta es la realidad de la mayoría de los casos: separarse de un maltratador es la peor de las pesadillas. En aquel momento, la madre tenía una hija de unos doce años. Su vida era un infierno, aunque ella misma no era consciente de lo que estaba pasando hasta que su médico de cabecera detectó que algo  estaba sucediendo por el tipo de depresión nerviosa y los pensamientos suicidas que a menudo se hacían presentes. Tras unos meses de ayuda psicológica, ella quiso encontrarse con su exmarido, eso sí, con una grabadora escondida para sentirse más protegida:

Autor desconocido



“Ayer, armada con una grabadora que me daba la seguridad de tener a alguien escuchando, hablé con mi exmarido. Se podría decir que la conversación fue reveladora, y positiva para mí, porque él reconoció su comportamiento hacia mí y hacia mi hija... los gritos, los insultos, los golpes contra las cosas, los comentarios sobre mí a otras personas… todo... y finalmente me reveló que actualmente está sometiéndose a terapia psiquiátrica para reconducir su agresividad.

Allí estaba yo, frente a él, frente a mi agresor, en una cafetería pública, intercambiando puntos de vista para ayudarle a entender por qué le sucedía todo eso... entonces me di cuenta de que lo conozco muy bien... entonces me di cuenta que durante todos estos años he estado aterrada por un enfermo. Lo vi con suma claridad... por su forma de hablar, de moverse... era como estar ante un niño aterrado, inestable, que no puede concebir un sólo cambio en sus planes. Cualquier interferencia le agrede y él se transforma en un tiburón... sin piedad.

Y en un lapsus sentí pena de él... y más tarde en otro lapsus, cuando supe que por fin estaba sometiéndose a la terapia, me imaginé a su lado... retrocedí en el tiempo y vi a mi hija feliz y tranquila....

Pero sólo duró un momento porque sentí miedo de haber tenido ese pensamiento. Me asusté al no sentir rabia contra él... ni siquiera quise exterminarlo, ni agredirle verbal o físicamente, aun sabiendo  que ahora poseo elementos para detenerlo.

¡¡¡Dios!!! Cuanto sufrimiento, tantos años... condensados en dos horas de conversación... catorce  años he tardado en ver algo que ya sabía.

Estoy agotada y asustada. Triste por haberme sentido como una mierda por culpa de alguien que no me merecía. Por alguien que no es mejor que yo. Triste por sentir tantas veces vergüenza de mi misma y pensar que no era digna de nadie ni de nada. Triste por no saber confiar más en mí. Triste por no haber hecho mejor mi papel de madre”

Ana Brea

by facilisimo.com



Desnudarse, confesarse, ¿es bueno? Mi respuesta está entre estas líneas. Para llegar a una dirección necesitamos un mínimo de información, para saber dónde están las cosas en nuestro primer día de trabajo necesitamos un mínimo de información, para saber cómo funciona un teléfono necesitamos un mínimo de información, para relacionarnos con los demás necesitamos un mínimo de información… así pues, para saber qué información podemos compartir, primero debemos tener un mínimo de información de nosotros mismos y respondernos a esta pregunta: ¿cuál es mi historia? Nadie nos puede arrebatar nada, ni nadie nos puede pisar porque nuestra esencia permanece intacta en nuestro interior, quizás algo escondida, pero preparada para aflorar en cuanto le demos el espacio y el permiso para salir. Nuestra historia no es pasado, es el producto de lo que hoy somos, no lo rechacemos, aceptémoslo, compartamos y sintámonos orgullosos del día de hoy. Es sencillo, para empezar escoge a alguien de tu entorno con quien te una relación de amistad y cuéntale algo de tu historia… no importa su reacción, ya que no es tuya… a continuación invítale a que te cuente algo de su historia y experimenta la sensación de la liberación… Más adelante, lanzaos a preguntarles a las personas de personalidad alcahueta algo de su historia, contadles algo de la vuestra… no temáis que lo expliquen porque vosotros ya lo habréis aceptado al lanzarlo al Universo… Nada de esto nos acompañará a la tumba, casi nadie de nosotros seremos personajes célebres de quien se hablará cuando ya no estemos en cuerpo físico; entonces, para qué guardar tantos recuerdos, pensamientos y sensaciones… formemos parte de la naturaleza, asumamos nuestra esencia y cuestionemos este sistema que tanto nos aleja a los unos de los otros.
 
Con amor a todas aquellas personas que me han herido alguna vez, porque sin duda alguna, ellas lo necesitan más que yo.


Susanna Cabré

by Leandro Lamas







3 comentarios:

  1. Creo que liberar nuestra historia, explicándola a los demás es bueno, es una buena terapia para uno mismo... y también para los demás...

    Durante la lectura de esta entrada, he podido asimilar palabras sinceras y realidades hostiles, pero sobre todo una gran sabiduría del alma y un corazón muy grande.

    Gracias por haber compartido tu esperanza

    Un abrazo inmenso

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    Respuestas
    1. Xavier.... qué decir...

      Cada día estoy más convencida de que cuando valoramos algo en otro ser es porque en realidad uno mismo posee esas cualidades. Me alegro de econtrarte por el camino.

      "Namasté"

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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