06 noviembre 2012

La producción de biocombustibles una locura que genera hambre


A pesar de las crecientes pruebas de que la producción de combustibles orgánicos es responsable de la inseguridad alimentaria, el nuevo proyecto de la Unión Europea (UE) sobre energías renovables ignora las consecuencias sociales de esta actividad agrícola.


Biocombustibles y hambre, dos caras de la misma moneda - IPS ipsnoticias.net
Por Daan Bauwens

  A fin de reducir la emisión de dióxido de carbono en la atmósfera, la UE decidió hace tres años aumentar el uso de biocombustibles en el transporte.

En la directiva de 2009 sobre energías renovables, se fijó el objetivo obligatorio de elevar a 10 por ciento la proporción de agrocombustibles en el transporte para 2020.

Pero aun antes de que se aprobara ese documento, organizaciones no gubernamentales (ONG) de distintas parte del mundo ya habían señalado varios de los problemas asociados a los combustibles orgánicos.

La organización británica ActionAid calculó que para cumplir el objetivo fijado por la UE, habría que convertir 69.000 kilómetros cuadrados de ecosistemas naturales en tierras de cultivo, un área mayor a la de Bélgica y Holanda juntas.

Además, la conversión de selvas, praderas y turbas en tierras cultivables para producir biocombustibles llevará a que se liberen a la atmósfera 56 millones de toneladas más de dióxido de carbono al año, equivalente a entre 12 y 26 millones de automóviles más para 2020.

ActionAid estimó que la cantidad de biocombustibles extra que ingresarán al mercado de la UE será entre 81 y 167 por ciento peor para el clima que los combustibles fósiles.

Las ONG también pronosticaron que el aumento en el uso de combustibles previsto por la UE presionaría al alza los precios de la canola (colza), el maíz y el azúcar.

Según un estudio del Instituto Internacional Austriaco de Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA), el objetivo de 10 por ciento pone a 140 millones de personas más en riesgo de sufrir hambre, en especial a los pobres que viven en las ciudades, a los agricultores de subsistencia y a las personas sin tierra de los países en desarrollo.

La International Land Coalition, con sede en Roma, indicó que la demanda de biocombustibles es responsable de más de 50 por ciento de la concentración de tierras en el mundo.

A principios de este mes, la Comisión Europea publicó su comunicación posterior a 2020 sobre energías renovables.

A pesar de la campaña incesante de varias ONG para eliminar el objetivo, la nueva comunicación se llama a silencio respecto de las consecuencias de los biocombustibles sobre seguridad alimentaria en las naciones en desarrollo, lo que deja abierta la posibilidad de un objetivo similar para 2030.

"La Comisión Europea (órgano ejecutivo de la UE) pretende decidir sobre la política para 2030 sin considerar primero los impactos de la de 2020", dijo a IPS el especialista de Oxfam en biocombustibles del bloque, Marc-Olivier Herman.

"La nueva comunicación especifica criterios concretos para medir el impacto ambiental, pero no dice nada sobre las consecuencias sociales de los biocombustibles. La palabra ‘alimento’ ni siquiera está mencionada en el documento, cuanto menos seguridad alimentaria", explicó.

Según Herman, la Comisión avanza demasiado rápido a instancias del sector industrial. Los "inversores en biocombustibles quieren seguridad", añadió.

"Desde que se fijó el primer objetivo en 2009, la industria de biocombustibles crece con rapidez. Ahora quiere saber qué pasará después de 2020. Y es un sector con mucho poder lobby aquí en Bruselas", añadió.
Mientras, los efectos sociales de la creciente demanda de biocombustibles se agravan. Por ejemplo, un gran porcentaje de indígenas de Guatemala sufren una nueva crisis de hambre por la concentración de tierras, las expulsiones obligadas y la desviación de agua para crear grandes plantaciones de monocultivo de palma aceitera y caña de azúcar para producir combustibles orgánicos.

En marzo de 2011, la policía y los soldados guatemaltecos expulsaron a más de 3.000 indígenas de sus hogares en el valle del río Polochic para dar lugar a plantaciones a gran escala. Echadas de sus tierras, las 700 familias sufren una severa desnutrición y una alta tasa de mortalidad infantil por la diarrea o la fiebre.

Tres meses después de reunirse con el presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, el modesto agricultor Daniel Pascual, del Comité de Unidad Campesina, llegó a Bruselas para informar a los dirigentes europeos de las consecuencias sociales de los biocombustibles.

"Con una creciente demanda de biocombustibles, esta crisis de hambre no hará más que empeorar", dijo Pascual a IPS el 18 de este mes. "Necesitamos jugadores externos como la UE para asegurarnos de que no causen más daño con sus políticas. Y necesitamos que presionen a nuestro gobierno para que respete los derechos de la población", añadió.

Es poco probable que la UE disminuya su demanda.
"¿Quién gana con esta política? No el ambiente, sino los agricultores europeos por los efectos positivos de la demanda sobre el precio de los productos, y la industria de agrocombustibles que fue directa o indirectamente construida con fondos y préstamos de la UE", indicó Herman.

El funcionario de Oxfam cree que el problema empeorará en los próximos años, pues los actores tradicionales también se interesan cada vez más en los biocombustibles.

"Shell y BP invirtieron fuerte en el azúcar brasileño el año pasado", remarcó. "Quieren seguir siendo líderes en el sector y también presionan en Bruselas", añadió.

"Cada uno mira el asunto desde su propio punto de vista racional, pero el resultado final es una pura locura", concluyó.

  

ENERGÍA-ESPAÑA

Biocombustible, alternativa puesta en entredicho

Por Alicia Fraerman
MADRID, nov (IPS) - La fabricación de combustibles a partir de vegetales se presenta en España como un negocio fuertemente apoyado por empresarios, pero muy criticado desde las organizaciones ambientalistas por sus efectos nocivos sobre la producción de alimentos.

Bill Glover, directivo de la empresa aeronáutica estadounidense Boeing, sostuvo días atrás en Madrid que dentro cinco o 10 años el uso del biocombustible en la aviación comercial será viable y que ello ayudaría a reducir en 50 por ciento las emisiones de dióxido de carbono (CO2) en el transporte aéreo.

Añadió que el transporte aéreo produce 1,5 por ciento de las emisiones de CO2 de la Unión Europea (UE), según datos de 2006, mientras que el terrestre llega al 52,8 por ciento. Porque, explicó, un automóvil con dos ocupantes consume una media de seis litros de combustible por kilómetro, mientras que un avión lleno hasta 80 por ciento no llega a ese consumo.

La importancia que en España se otorga al biocombustible tiene un testimonio en la empresa transnacional Abengoa, que acaba de inaugurar en Estados Unidos una planta piloto para su producción energética.

Esa planta tiene previsto producir 50 millones de litros de bioetanol o alcohol carburante sustituto de la gasolina, pero utilizando una biomasa no apta para la cadena alimenticia, según un portavoz de la firma. Claro que su producción comenzará utilizando materias primas convencionales.

Para llevar adelante ese proyecto, Abengoa suscribió en febrero un acuerdo con el Departamento de Energía de Estados Unidos, que financiará la mitad de las inversiones al respecto.

En los experimentos previos, la empresa produjo combustible a partir de la paja de trigo, residuos forestales y restos de comidas vegetales. Javier Salgado, presidente de Abengoa, sostiene que en una década el etanol sustituirá masivamente a la gasolina y que será 40 por ciento del total de consumo mundial de combustible.

Mientras, una de las instituciones agropecuarias más fuertes de España, la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (Asaja), cuestiona la producción de biocombustibles y pidió el 31 de octubre que se inspeccione la producción local de biodiésel a partir del girasol, porque creen que no se separa entre el importado para uso alimentario y el destinado a la industria.

El secretario general de Asaja, José María Fresneda, dijo en rueda de prensa que es posible que se esté utilizando aceite de importación para producir biodiesel, recibiendo subsidios públicos "del dinero que pagamos todos los contribuyentes a Hacienda".

Lo grave, adicionó, es que esas empresas no incentivarán el cultivo en España, "porque a partir de que tengan la infraestructura productiva montada no les importará traer aceite de terceros países".

   Hablando de terceros países merece mencionarse el acuerdo firmado a fines de octubre entre España y Brasil a efectos desarrollar proyectos conjuntos para la producción de carburantes alternativos al petróleo y dirigidos también a fomentar un mayor ahorro energético, según el ministro de Industria, Comercio y Turismo español, Joan Clos.

El primer paso de ese acuerdo es la creación de un grupo de trabajo que estudiará la posibilidad de aprovechar y unir las experiencias de ambos países en ese sector, destacándose la "gran experiencia" de Brasil, según Clos, quien visitó ese país sudamericano semanas atrás y se reunió allí con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

También asistió a una reunión con empresarios, en la que destacó que España se ha convertido en el segundo inversor en Brasil, sumando unos 40.000 millones de dólares.

Pero desde la sociedad civil surgen fuertes críticas a los biocombustibles. Marisa Kohan, portavoz en España de la organización no gubernamental Intermón Oxfam, dijo a IPS que los planes de España y del resto de países de la Unión Europea para aumentar el uso de biocombustibles "pueden tener consecuencias muy negativas para algunos de los países más pobres del planeta".
 
Si la UE cumpliera sus proyectos de que al menos 10 por ciento de los carburantes para los vehículos utilicen biocombustibles hacia 2020, se multiplicaría por 10 el consumo actual. En ese caso el bloque tendría que importar biocombustibles producidos a partir de cultivos como la caña de azúcar y el aceite de palma procedente de países en desarrollo.

Pero eso significaría que en esos países la producción de materias primas para biocombustibles desplazaría a poblaciones pobres de sus tierras, destruyendo sus modos de vida e incrementando la explotación de sus trabajadores, añadió Kohan.

             Un informe de Intermón Oxfam indica que en India, Brasil, Sudáfrica e Indonesia se podrían utilizar dentro de 20 años 5,6 millones de kilómetros cuadrados de tierra para la producción de biocombustibles, una superficie equivalente a 10 veces la de Francia.

Y cita a Abet Nego Tarigan, director adjunto de Sawit Watch (organización no gubernamental indonesia para la protección de plantaciones autóctonas), quien afirmó que "las decisiones sobre biocombustibles que se toman en Europa afectan directamente a millones de personas en ese país".

Porque, adicionó, "en la búsqueda implacable de la UE del "oro" biocombustible, grandes compañías productoras de aceite de palma están expulsando de manera desalmada a comunidades de las tierras que han cultivado durante generaciones".

Por eso, concluyó, "la política propuesta por la UE sólo empeorará la situación, llevando más gente a la pobreza y concentrando la tierra en manos de unos pocos".

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